Juan Ruiz

Pintura Surrealista

"Espacios para el pensamiento"

Muchos pintores optaron durante el siglo XX por caer en corrientes surrealistas o dadaístas así como sus derivadas. Aquella fue la gran bandera de la libertad en el arte y supuso la definitiva entrada en el arte contemporáneo. Desde entonces se ha visto con admiración y con veneración esa manera de pintar, pero pocos se han atrevido a dejarse atrapar por un arte que en su libertad conceptual tiene quizás su gran complejidad. Juan Ruiz ha sido uno de ellos, desde su óptica particular asistimos a una nueva perspectiva de la pintura surrealista.

Superficies llenas de un espacio en permanente debate con su propia esencia. Lugares para el encuentro del pensamiento y el alma de la pintura. Ese carácter que surge de un lugar inventado, de una función que nuestra mente se reserva como concesión para que deambulemos por la propuesta que nos ofrece Juan Ruiz. Artista que se ha visto atrapado por la sugestión del abismo surrealista, esa concesión a la más amplia libertad creativa que la pintura ha contemplado durante el siglo pasado. Mundo de sueños, de experiencias vanguardistas, de caminos sin retorno, de paisajes ausentes, de memorias permanentes.

Todo eso y más es lo que este atrevido pintor nos plantea en unos cuadros donde el espacio y la capacidad de síntesis que permite su manera de pintar son armas más que suficientes para sumergirnos en su mundo. Atrapados en él, caemos por una espiral de intenciones. De situaciones donde el tiempo se fosiliza para remitirnos a experiencias de pintores como Óscar Domínguez o Urbano Lugrís. Juan Ruiz coquetea con esta forma de pintar con interesantes piezas en un trabajo en el que asistimos a la sublimación de su estilo. En el que el espacio, configurado desde la combinación de dos colores, azul y ocre, es capaz de generar esa sensación de inquietud que provoca un espacio abierto. Ese temor que también provocaba desde sus pinturas De Chirico, una metafísica del espacio planteada como un lugar de integración de experiencias, de análisis de conductas. Rastros de una presencia que a veces nos puede parecer descabellada, en otras ocasiones un disparate, pero en realidad responde a una manera serena de entender la pintura, de acercarse a ella para provocar la inesperada reacción del espectador.

Juan Ruiz, por lo tanto, desde esa estética planteará todo un universo de elementos simbólicos que individualiza con su dominio del dibujo para mostrarse de manera destacada dentro de un lienzo sin distracciones, que de manera abierta se presenta ante nosotros. Mujeres, relojes, árboles, paraguas, lunas... son sugestivas declamaciones de quien tiene en la pintura un campo abonado para que el espacio sea el germen del pensamiento. El detonante de un experiencia surreal que nos afecta a todos nosotros.

Ramón Rozas
Diario de Pontevedra